“La mitad de lo que pagas son impuestos”. No se trata de una leyenda urbana, realmente es
así, o casi. Al tratarse de un artículo con una demanda muy previsible a corto, medio y largo plazo,
resulta relativamente fácil para cualquier administración elaborar una estimación de ingresos
impositivos. De ahí que soporten una elevada carga impositiva y sea uno de los grandes soportes
recaudatorios.
Comencemos con
el desglose del precio. Durante esta primera semana de febrero el precio del Gasoleo de Automoción
(el Diesel) oscila en los 1,32 euros/litro.

De estos 1,32€, el 18% se corresponde al IVA, es decir
0,201€.
Ya nos quedan 1,12 €. De este importe hay que
deducir
0,307€ del Impuesto
Especial sobre Hidrocarburos. (Por cierto, este Impuesto está condenado a subir, cosas de la
convergencia con Europa)
Y seguimos
descontando, el mal llamado “céntimo sanitario”, el Impuesto sobre Ventas de Determinados
Hidrocarburos (IVMDH), tiene un tramo estatal de 0,024€. Este mismo impuesto también tiene un
tramo autonómico. La gran mayoría de autonomías gravan cada litro con otros 0,024 €. Algunas ya
aplican 0,048€ y otras tienen previsto comenzar a aplicar estos casi 5 céntimos a partir del 1 de
marzo, como en el caso de Cataluña. Pronto habrá que llamarlo el “décimo
sanitario”.
Hacemos una
breve pausa. Hasta ahora ya hemos desembolsado 0,556€, es decir un 42% del precio final y todavía ni
el operador de petróleo ni el empresario propietario de la gasolinera ha visto un solo céntimo, solo
la Administración Tributaria.
Actualmente el
propietario de una gasolinera está comprando el producto a los grandes operadores por un importe
aproximado de unos 0,69€ por litro. Y dejamos para el propietario de la gasolinera unos 0,074€ de
margen por cada litro vendido. Y con ese margen pagará a sus empleados, pagará las cuotas del
préstamo que ha necesitado para financiar su negocio, adecuará sus instalaciones a las constantes
exigencias mediombientales, …
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